Fernando Signorini, uno de los hombres que más conoció a Diego Armando Maradona —a quien él distingue entre “Maradona” y “Diego”— acompañó al ídolo en etapas decisivas de su carrera: en Barcelona, en México 86, durante los años en Napoli, así como en Italia 90 y en el Mundial 94. En su archivo personal conserva anécdotas inéditas que revelan facetas desconocidas del Diez, como las que hoy compartió en su cuenta de Instagram.

Las fotografías inéditas muestran a Maradona hace más de 30 años, durante una visita al USS Iowa, un imponente buque militar estadounidense que se encontraba en Nápoles. El acorazado USS Iowa (BB-61) fue el único barco de su clase que operó en el Atlántico durante la Segunda Guerra Mundial y es el último de esa clase que aún se conserva.
Signorini recordó que la invitación había llegado desde la jefatura de la OTAN, con sede en Nápoles. Maradona fue recibido con honores de jefe de Estado y pudo recorrer el acorazado acompañado por miembros de la delegación.
“Estas fotos son una clara muestra de eso. Había sido invitado por la jefatura de la OTAN, con sede en Nápoles, a visitar el acorazado USS Iowa, y tuve la suerte de acompañarlo. Tuvo una recepción digna de un jefe de Estado”, contó Fernando.
Tras la bienvenida, la aparición de una pelota desató la espontaneidad de Maradona, que se puso a hacer jueguitos, como hacía desde pequeño en los entretiempos de los partidos de Argentinos Juniors, rodeado por los fusiles y la tripulación de la Armada de Estados Unidos. “Nos divertimos mucho, la pasamos bárbaro y, de pronto, apareció una pelota. Él no tuvo otra ocurrencia que hacer lo que hacía desde chico: ponerse a hacer jueguitos”, relató Signorini.
La anécdota también refleja el vínculo de Maradona con Nápoles, una ciudad donde se convirtió en ídolo y cuya figura trascendió el ámbito deportivo. Por eso, aquella visita al USS Iowa no fue solo un acto protocolar, sino que contó con la presencia del periodista Angelo Rossi, entonces corresponsal de Il Mattino, el principal diario de Nápoles y del sur de Italia, a quien Diego invitó para cubrir la actividad desde una perspectiva diferente.
“En esa visita también estaba Angelo Rossi, un querido amigo periodista, por entonces de Il Mattino, a quien Diego había invitado. Eso le permitió a Angelo hacer una nota de color sobre aquella visita”, detalló Signorini.
Las imágenes recuperadas ahora permiten reconstruir esa escena desde otra óptica: Maradona alejado de la cancha, en un entorno militar y protocolar, pero haciendo algo que lo había definido desde niño: jugar con la pelota.
Más de tres décadas después, el recuerdo de Signorini aporta contexto a esas fotografías y revela qué había detrás de aquel instante en que Diego, simplemente, volvió a hacer jueguitos.
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